sábado, marzo 05, 2011

DE LA CIUDAD AL CAMPO

Esta mañana, mientras iba camino de la oficina, he tomado dos decisiones. UNA. Me voy a vivir al campo. DOS. Voy a abrir un blog para contarlo.

Pero primero, me presento. Me llamo Carlos, tengo 38 años, vivo en Madrid y trabajo desde hace 10 años en una conocida compañía de telecomunicaciones. Gestiono y elaboro contenidos web. Soy casi dosmileurista y vivo de alquiler en un piso con piscina junto a mi pareja (mileurista) y una gata llamada Kika.

En resumen, tengo un buen trabajo, ahorros y pago un alquiler no muy alto de un piso estupendo y bien situado. ¿POR QUÉ ME QUIERO IR AL CAMPO?

Por varias razones que paso a enumerar:

1) ¿Dónde he tomado la decisión? Camino del trabajo. Ese camino eterno que hacemos la mayoría de los madrileños de casa a la oficina y de la oficina a casa. Un camino en el que invertimos entre media/una hora de ida, y otra media/una hora de vuelta. Un camino en el que si vas en coche o moto encontrarás un atasco, si vas en transporte público encontrarás demasiada gente y si vas en bicicleta encontrarás de todo -hostilidad, cuestas, humo- menos carriles bici. Y lo peor es que, a fuerza de sufrirlo toooodos los días, acabamos resignados y viéndolo como algo normal. Pues no. Es la norma, sí, pero no es normal. Y como no quiero que acabe siéndolo, ME VOY AL CAMPO.



2) Como he dicho, vivo, o mejor, vivimos (voy a empezar a usar el plural) de alquiler. Y, como es norma -¡otra vez!-, hace seis años nos planteamos comprar un piso. Trabajo estable+pareja estable: vivienda estable. Ya sabéis: "alquilar es tirar el dinero", "los pisos nunca bajan" y demás cantinelas burbujistas. Abrimos una cuenta vivienda y... hala, a ahorrar. Pasaron los años, subieron los precios, aumentaron los plazos de devolución de los créditos hipotecarios y... se nos terminó el de la cuenta vivienda. ¡A buscar piso! 10, 20, 30, 40... hasta 80 visitamos. Primero en el centro. Nada. Luego dentro de la m-30. ¡Bien! Nos gusta uno. Pero, al banco no le gustamos. ¿Y si miramos algo más barato en la afueras? !Boom! Pincha la burbuja inmobiliaria. Los bancos cierran el grifo y nuestra cuenta vivienda caduca. Lloramos... pero no mucho. ¿De verdad queremos vivir en un piso, en una zona que no nos gusta, pagando una hipoteca durante 40 años? No, en realidad no. Es como el atasco, lo hemos normalizado. Y como no queremos, NOS VAMOS AL CAMPO.



3) Madrid me gusta. He pasado mi infancia y adolescencia en Móstoles. No me gustaba. El día que conseguí irme de alquiler a una pequeña buhardilla en el centro de la capital fue uno de los más felices de mi vida (también tuvo que ver, claro, que no me iba solo). Había cumplido un sueño. Luego, cuando los alquileres empezaron a subir, tuvimos que irnos algo más lejos. Pero no demasiado. Entonces, ¿por qué me quiero ir si Madrid me gusta? Porque cada vez me gusta menos. Cada vez se parece más a una megalópolis de manga japonés: está superpoblada. La horas puntas ya no son solo para ir o salir del trabajo, también son para comer en un restaurante, para visitar un museo, para ver un estreno de cine, para ir a urgencias, para ir de excursión al campo (la de veces que nos habremos quedado sin sitio en el aparcamiento de la Pedriza). Esta superpoblación que satura Madrid no solo tiene consecuencias en forma de espacios llenos y colas interminables. También influye en la contaminación -atmosférica, lumínica y acústica- y en el propio trabajo. En 13 años que llevo empleado con contrato indefinido solo he cambiado una vez de empresa... ¡pero 7 de oficina! Además, como la mayoría de los polígonos y parques empresariales no están en Madrid capital sino en los pueblos de alrededor, es muy fácil que se de este caso: vivir en una punta de la región y acabar trabajando en la otra. Como no queremos formar parte de la superpoblación urbana, NOS VAMOS AL CAMPO.

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