Ya está decidido. Nos vamos a vivir al campo, pero no muy lejos de una ciudad. Ahora falta elegir: ¿qué campo y qué ciudad? Vayamos concretando. ¿Nos quedamos en España o nos vamos fuera? Nunca hemos vivido fuera de España. La idea es tentadora. Pero, por ahora, nos quedamos. Bastante cambio es ya irnos de la ciudad al campo -y trabajar como empleado a hacerlo de forma autónoma- como para añadir más "novedades" como una lengua o una cultura diferente. Además, no conocemos los entornos rurales de otros países. Siempre que hemos viajado al extranjero lo hemos hecho a ciudades, habitualmente a capitales europeas.
Así que, decidido, nos quedamos. Como de España sí que conocemos bastante bien los espacios rurales y naturales, hemos hecho un mapa con nuestras zonas favoritas. Estas son las elegidas: Girona, Cantabria, Asturias, Galicia y los pirineos (aún sin conocerlos todos). Desechamos otras zonas que nos gustan por diversas razones. Euskadi, por caro. Levante y la costa de Andalucía, por explotado (y el interior por caluroso y aislado). Y Castilla y Extremadura, por estar demasiado cerca de Madrid.
El lugar que elijamos debe reunir una serie de condiciones: belleza paisajística, desarrollo rural (internet, por ejemplo), buenas comunicaciones, una ciudad activa culturalmente y, sobre todo, viviendas asequibles. La mayoría de los lugares elegidos cumplen con todo los requisitos, menos uno: el precio de las casas. Después de una rápida consulta por portales inmobiliarios, idealista y fotocasa, nos dimos cuenta de que de los destinos elegidos, sólo nos valían tres: Galicia, Asturias y Cantabria.
Tras una búsqueda más a fondo, poniendo como límite de precio 100 mil euros y una distancia en coche de no más de media hora de una ciudad importante, Asturias destaca como el lugar más idóneo.


